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Hablemos del perdón

Perdonar es el primer camino para vivir la innovación.  Nos han hecho creer que perdonar es un sentimiento y siempre decimos: algún día lo(a) perdonare  ¿pero cuando será eso?  Perdonar no es un sentimiento es una decisión.  Yo decido perdonar!

La Real Academia Española de la Lengua dice: la palabra perdonar viene del prefijo latino per que significa pasar, cruzar, pasar por encima de  y del verbo latino donare que indica  donar, regalo, dar, obsequio, lo que implica la condonación, cese de una falta, ofensa o castigo eximiendo al culpable de una obligación, discrepancia o error.  Entonces perdonar es echar la falta, la ofensa y el sentimiento de rencor a la basura.

Pero, ¿cuándo perdonamos realmente? ¿Existe acaso una medida para el perdón?  Muchas veces escuchamos a las personas decir: mira yo perdone a tal o cual persona pero todavía tengo una espinita aquí clavada en mi corazón o yo la perdone pero no quiero ni que me hablen de ella y no la puedo ver ni en pintura.  ¿Te suena familiar? Es como que dijeras ¿ves esa muchacha que va caminando? esta medio embarazada   ¿Es eso posible?   Está embarazada o no lo está. 
Y usted va decir: qué fácil es decir que perdonemos pero qué difícil es hacerlo!  
Bueno y si te digo que lo hagas por ti, si te digo que quien se va ver beneficiado al 100% eres tu ¿lo intentarías al menos?

Un día escuche una historia que te comparto: en una tribu de África se acostumbra que quien cometa homicidio para castigarlo se le hace cargar al muerto encima, pegado a sus espaldas siempre.  ¿Se imaginan? El muerto se descompone, huele mal, nadie quiere estar cerca de esta persona.  Adicionalmente la descomposición del cuerpo empieza a afectar a quien lo está cargando y se le empieza a podrir su propia piel, en síntesis el castigo es podrirse en vida.

Yo me imagino a esta persona con ese muerto encima, ¿cómo puede comer?,  ¿Cómo puede caminar y desarrollar su vida?, ¿acaso podrá ignorarlo?
Yo imagino el rencor como ese muerto que cargamos encima, a veces no nos damos ni cuenta y olemos mal, la gente se nos aleja y sentimos que todo nos sale mal y no sabemos ni que nos pasa.  Muchas veces el rencor se esconde en los rincones más apartados de nuestra niñez, a veces nos creemos nosotros mismos que hemos perdonado realmente.  El rencor es un veneno que nos tomamos, queriendo que se muera el otro y a quien está matando es a nosotros mismos.

En cambio, el perdón nos libera.  ¿Cuál es la mayor venganza contra una persona que nos ha decepcionado?  Pues comprender su debilidad y perdonarla. 
Empecemos con nosotros mismos, resolvamos nuestros sentimientos de culpa que son los que nos llenan de ansiedad, aceptemos que nuestra humanidad nos permite equivocarnos, veamos que hay detrás de nuestras equivocaciones , aceptemos nuestros errores para que podamos ser tolerantes y no nos exijamos demasiado.  Empecemos perdonando y aceptándonos  a nosotros mismos.  Tratemos  de comprender lo que hay detrás de los defectos de los demás,  porque si no lo hacemos siempre  los rechazaremos.

La palabra clave para perdonar a alguien es comprenderlo.  Al comprenderlo, tú perdonas.  Si lo perdonas el muere dentro de ti y renace de otra forma.  Perdónalo y te liberaras de él; ódialo y dormirá contigo y perturbara tu sueño.

Juan Pablo ll dijo: "El perdón, ciertamente, no surge en el hombre de manera espontanea y natural.  Perdonar sinceramente en ocasiones puede resultar heroico.  Aquellos que se han quedado sin nada por haber sido despojados de sus propiedades, los prófugos y cuantos han soportado el ultraje de la violencia, no pueden dejar de sentir la tentación del odio y la venganza. La experiencia liberadora del perdón, aunque llena de dificultades, puede ser vivida también por un corazón herido, gracias al poder curativo del amor que tiene su primer origen en Dios-Amor.  La inmensa alegría del perdón, ofrecido y acogido, sana heridas aparentemente incurables, restablece nuevamente las relaciones y tiene sus raíces en el inagotable amor de Dios"
 
Antes de criticar y condenar a alguien, antes de darte por vencido y alejar de ti el perdón divino, recuerda que muchos hogares se han salvado y muchas relaciones se han restaurado gracias al antídoto del perdón.  No dejes pasar la oportunidad de beber esa dosis celestial que te mostrara la felicidad; porque el perdón te reconcilia con tu pareja, con tus hijos, con tus padres, con tus amigos e incluso con tus enemigos, pero sobre todo con Dios.